¿La bondad y la maldad se excluyen entre sí?

diciembre 9, 2020 Salud

Cuando hablamos de estos dos términos, obligatoriamente pensamos que “bondad” y “maldad” necesitan de otras personas para manifestarse. Nos comportamos con bondad o maldad hacia los demás. También, a veces, hacia nosotros mismos. Por descontado que están las acciones a las que podemos atribuir que son buenas o malas, pero vamos a excluir estas últimas para centrarnos en el ámbito de relaciones humanas.

La pregunta de que la maldad y la bondad puedan darse a la vez en las personas, como si fueran las dos caras de una moneda, ha sido cuestionada desde la antigüedad. A continuación, mostramos algunos ejemplos:

Opiniones sobre bondad y maldad

 

  • Sócrates, filósofo griego, (siglo V a.C.) consideraba que el hombre es bueno por naturaleza. Maestro de Platón, este último consideraba que el bien, o la bondad, es la idea suprema y que el mal es fruto de la ignorancia. Aristóteles, discípulo de Platón, concibió la maldad como la oposición de la bondad, toda acción que se oponga al bien.

  • El cristianismo introdujo la idea de que todos nacemos con la influencia del pecado original, el de Adán y Eva, por tanto, inclinación al mal, que debemos vencer con acciones bondadosas. San Agustín llegó al convencimiento de que el mal como tal no existe, si no que es una consecuencia de la ausencia de bien. El dominico Santo Tomás de Aquino expresó una original apreciación del bien y del mal. Existe una historia de dónde y cuándo lo hizo: fue en un banquete del rey Luis IX de Francia, futuro San Luis, cuando Tomás de Aquino quiso informar a los presentes de que el mal no existe por sí mismo. Necesita de la existencia ya establecida del bien, se trata de una perversión o de un error del bien.

  • Según Sigmund Freud, el más importante antecedente de la psicología actual, y el llamado “padre del psicoanálisis”, opinaba que en el ser humano existe la paradoja de que siente tanto el deseo que promueve la vida (Eros) representado como el amor, como también la destrucción (Thánatos), con manifestaciones agresivas y violentas. Son las llamadas pulsiones de vida y pulsiones de muerte. El psicoanálisis teoriza que en el ser humano el sentimiento de odio aparece antes que el de amor porque el bebé en algún momento toma conciencia de que lo exterior puede ser una amenaza para su instinto de supervivencia que tiene asegurado (leche materna, cuidados…) y que le hace sentir protegido. Si ello fuera cierto nos preguntaríamos ¿y cuándo aparece la bondad? Podríamos especular que la bondad aparece como empatía o agradecimiento a quien nos ayuda a sobrevivir o que nos permite sentir bienestar o felicidad.

Así que no es tan fácil contestar a la pregunta de si la maldad y la bondad se excluyen, ya que parece que tiene distintas interpretaciones. Será que no puede contestarse porque no es una realidad científica. Las emociones y acciones del ser humano no pueden medirse con precisión matemática.

Pero sí que hemos comprobado en esta situación de pandemia, que la solidaridad y la empatía, como muestras de bondad, han aflorado en los momentos más difíciles. ¡Quizá la supervivencia vaya unida a la acción de hacer el bien! Deberíamos ser capaces de reprimir y apartar la ira y la impotencia que todos podamos sentir alguna vez. La maldad solo sirve para complicarlo todo, como retrasar la vuelta a la normalidad que todos deseamos.

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